¿Comer y vivir sano es cuestión de dinero?

¿Cuántas veces habré escuchado la frase “comer sano es caro”? Os expongo mi visión al respecto basada en lo que he visto y he vivido.

¿Todos los que tienen un nivel adquisitivo alto comen sano? ¡No! Incluso diría lo contrario.

Muchas personas con ingresos significativos suelen consumir alimentos industriales caros, con alto nivel de procesado como carne roja, productos “finos” como foie gras, quesos, bebidas fuertes, vinos caros pero con sulfitos y, en general, gastronomía “fina”, dejando a un lado las frutas y verduras crudas y sin interés alguno por las legumbres y los cereales integrales.

La mayoría de personas de negocios están siempre ocupadas, no tienen tiempo para hacer ejercicio físico o siquiera para relajarse. Las comidas de negocios son excesivamente calóricas, acompañadas de alcohol, tabaco y café y, no por último, el estrés les acompaña en varios momentos del día. Todo esto aumenta el riesgo de aparición de enfermedades que afectan a la calidad de vida.

Entonces, ¿los que tienen menos dinero comen sano? ¡Tampoco lo hacen!

Otros tantos trabajan en una oficina de la mañana a la noche, con una hora de pausa para comer rápidamente del menú barato del restaurante de al lado. Menú que a menudo consta de los espaguetis blancos pasados de cocción, el filete con patatas fritas, el flan de postre y la bebida azucarada porque “¡se necesita energía! Todo esto con una guarnición de pensamientos de insatisfacción por no hacer lo que les gusta, por no tener tiempo para el deporte porque están agotados al finalizar la jornadatodo esto tampoco es sano. Mejor dicho, ¡a la larga sale muy caro!

Podría alargar la lista con muchos ejemplos pero sólo se trata de recordar que no importa la clase social, el nivel de vida, el trabajo que prestamos, el tiempo que tenemos libre, lo que es imprescindible es tener un mínimo de conocimiento nutricional, un mínimo de respeto hacia nuestro cuerpo y nuestro interior y algo de sentido crítico hacia ofertas y propagandas llamativas que nos venden la” enfermedad” envuelta junto con aditivos, colorantes, conservantes, comidas procesadas, azucaradas y maquilladas de cualquier manera para que nos entre por los ojos y nos haga creer que es la solución perfecta en tiempo record.

Todos lo sabemos, es mejor prevenir que curar, sólo tenemos que concienciarnos, poner en práctica algunas pautas, renunciar a lo que nos perjudica, tener constancia y tener ilusión por vivir un estilo de vida sano y alegre.

Se puede empezar por ir a comprar al mercado, llenar la cesta de frutas y verduras, de colores y aromas; tener recetas de platos sencillos y fáciles de preparar en casa; relacionarse con la comida y prepararla uno mismo; pensar en cómo nutrirse y no sólo en alimentarse; hacer ejercicio físico cada día, aunque sea sólo caminar; buscar una forma de desconectar, sea bien con un audio de relajación, con una lectura o simplemente no haciendo nada.

Dormir suficiente y buscar motivación para hacer algo que nos haga sentir alegría es tan importante como tener propósitos en la vida para avanzar y mejorar. Sólo así mantendremos todo en equilibrio.

Comprometernos con nosotros mismos es el requisito primordial, empezar es el primer paso.

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